La gaviota Panchota, la bolsa de plástico y el atún despistado.

NOTA: Este cuento a diferencia de los anteriores lo ha escrito a medias conmigo la Mona Capuchina. Espero que os guste.

panchota

La gaviota Panchota estaba muy gorda porque le encantaba comer. Era su pasión. Aquella mañana como tantas otras estaba buscando comida. Se fue a comer y encontró una bolsa de plástico vacía. La gaviota Panchota no sabía qué era eso, le dio unas cuantas vueltas y, como era tan glotona, se la comió. Le supo fatal y fue muy difícil de tragar porque era grande, pero una vez que había empezado no pudo dejar de comerla.

Cuando acabó elevó el vuelo y se fue a las piedras del acantilado que eran su casa pero antes de llegar se encontró mal y como esta tan gorda se cayó en el agua. No le pasó nada, por supuesto, porque las gaviotas acostumbran a zambullirse en el mar en busca de pescado. Pero cuando quiso salir de allí y volver casa se encontraba tan mal que no pudo salir volando.

Como tenía la clara sensación de que aquella cosa blanca que se acababa de comer era la culpable de su malestar decidió utilizar su capacidad para regurgitar la comida y echarla. No creáis que fue tarea fácil porque la bolsa era bien grande.

Después de mucho pelear consiguió sacarla de su estómago completamente y la escupió en el único sitio donde podía hacerlo, el mar. Panchota estaba bien contenta porque se sentía algo mejor. Al salir la bolsa estaba casi entera y se quedó en la superficie marina. Panchota la miró y sabiendo el peligro que corría allí posada decidió irse rápidamente, pero antes de poder volar se dio cuenta de que poco a poco la bolsa se le había enganchado en las patas. La pobre gaviota estaba muy asustada porque en esa zona del mar había tiburones que disfrutaban mucho de tener gaviota para comer.

Luchó como una jabata para escapar y con todo el ruido que hizo una acechante forma apareció debajo de Panchota. La pobre gaviota no sabía qué hacer, agotada por el esfuerzo se quedó quieta y entonces pudo tranquilizarse un poco mientras la sombra se acercaba, y muy despacio logró liberar una pata y salir volando justo antes de que una fauces inmensas salieran del agua.

Panchota suspiró aliviada pero volaba muy mal porque la bolsa llena de agua todavía colgaba de su otra pata. La sacudió con fuerza y se alegró mucho de ver que la bolsa caía. Desde la altura vio su silueta blanca hundirse poco a poco en el agua.

Panchota llegó a su casa pero la bolsa quedó en el mar, flotando a la deriva hasta que un atún despistado abrió su boca y se tragó aquella bolsa.

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